El otro día lo comentaba con una amiga. Llevo un par de días mirando la web de Jimmy Choo (para fanáticas, aquí está: http://www.jimmychoo.com/pws/Home.ice), pensando en que con el sueldo de un mes me puedo comprar unas botas preciosas que cuestan 550€, pero el resto del mes me tendría que conformar con lamer la puntera, porque mi sueldo no da para más.
Tengo 24 años, trabajo y estudio (o al menos lo intento) y vivo en una ciudad que no es muy puntera en moda. Sí, hay tiendas a montones, llenas de ropa estupenda, pero de vez en cuando me entran unas ganas locas de acercarme a Madrid y mirar escaparates de tiendas maravillosas y llenas de cosas que no puedo comprar.
¿Cuál es el sentido de todo esto? Cualquiera diría que nos hemos vuelto locas (y no voy a ser yo la que diga lo contrario) y que pudiendo comprarnos un montón de cosas a precios normales, nos da por querer cosas que ni en sueños podríamos pagar. Ya sean zapatos de Manolo Blahnik o Marc Jacobs, bolsos de Prada o Fendi, o vestidos de Cacharel o Dior, rara es la mujer que no suspira por un modelito de estos, aunque sea en secreto y se niegue a reconocerlo en público.
Ahí está el detalle. Todas queremos ser especiales, las más guapas, las más increíbles, las mejor vestidas, y por ello nos tiramos tres horas ante el espejo cada vez que salimos, poniéndonos y quitándonos camisetas o pantalones, eligiendo zapatos y bolsos a juego y pensando cómo vamos a maquillarnos. Alguien diría que es una estupidez, producto del mundo consumista en que nos hemos convertido, pero ahí está, esa es la realidad, todas queremos ser Carrie Bradshaw.
- Mood:¡¡¡Quiero un sueldazo!!! xDDD
- Music:You got the love - Candi Staton & The Source